Es curioso cómo cambia nuestra percepción de las cosas.
De pequeña me previnieron de la suciedad del dinero. “Ojo con lo que tocas después”. “Lávate las manos, que no sabes por dónde han pasado esas monedas antes”. Es una de esas cosas de madres que siempre me han parecido terribles. Si es imposible lavarse las manos cada vez que, a lo largo del día, se abre la cartera, ¡qué maldad crear esa sensación de ansiedad y pesadez en las manos contaminadas! Eso a mí, que me muerdo las uñas, las pieles de los dedos y me pellizco los labios.
Ahora, cada vez que voy a trabajar son muchos los dni que pasan por mis manos. Y han ganado enteros en la lista de la cosa más sucia del mundo. No puedo evitar pensar en las manos que los han tocado antes, en qué condiciones estaban esas manos, para qué se han usado esos carnés… Y sí, mi madre ha ganado la batalla, vivo con el miedo a morir por culpa de mis manos contaminadas.
P.D: Mención aparte merecen las fotos. Eso queda para otro post.
