El problema del “¿hasta dónde?”
10/09/2011Escala de prioridades
09/09/2011Aguas que me hipnotizan
29/08/2011Paisajes, muerte y erotismo en Pedro Páramo
27/08/2011Juan Rulfo me ha acompañado en mis dos últimos días de trabajo. Con él, Pedro Páramo, Juan Preciado y todos los muertos vivientes de Comala. Recuerdo haber leído la novela en el instituto, y sé que entonces supe apreciar las interrupciones en la línea narrativa y la superposición de narradores omniscientes. Sin embargo, esta vez la obra me ha cautivado con solo pequeños detalles.
Hay descripciones paisajísticas que consiguen, con mucha facilidad, que el lector dibuje en su mente el escenario de la acción. Pena que la pintura no se me dé bien.
El agua que goteaba de las tejas hacía un agujero en la arena del patio. Sonaba: plas plas y luego otra vez plas, en mitad de una hoja de laurel que daba vueltas y rebotes metida en la hendidura de los ladrillos. Ya se había ido la tormenta. Ahora de vez en cuando la brisa sacudía las ramas del gramado haciéndolas chorrear una lluvia espesa, estampando la tierra con gotas brillantes que luego se empañaban. Las gallinas, engarruñadas como si durmieran, sacudían de pronto sus alas y salían al patio, picoteando de prisa, atrapando las lombrices desenterradas por la lluvia. Al recorrerse las nubes, el sol sacaba luz a las piedras, irisaba todo de colores, se bebía el agua de la tierra, jugaba con el aire dándole brillo a las hojas con que jugaba el aire.
Muchas veces se ha descrito la noche, su embrujo y la eterna sonrisa de la luna. Estoy convencida de que ésta es una de las más embaucadoras que he leído.
Faltaba mucho para el amanecer. El cielo estaba lleno de estrellas, gordas, hinchadas de tanta noche. La luna había salido un rato y luego se había ido. Era una de esas lunas tristes que nadie mira, a las que nadie hace caso. Estuvo un rato allí desfigurada, sin dar ninguna luz, y después fue a esconderse detrás de los cerros.
También hay algunos pasajes de sexo y erotismo. La pillería y naturalidad con que se narran estos episodios hace que el lector no se dé cuenta de la referencia hasta que, inevitablemente, la imagen ya está en su cabeza. Contenido velado, pero sumamente claro y brutalmente visual.
Dice que ella escondía sus pies entre las piernas de él. Sus pies helados como piedras frías y que allí se calentaban como en un horno donde se dora el pan. Dice que él le mordía los pies diciéndole que era como pan dorado en el horno. Que dormía acurrucada, metiéndose dentro de él, perdida en la nada al sentir que se quebraba su carne, que se abría como un surco abierto por un clavo ardoroso, luego tibio, luego dulce, dando golpes duros contra su carne blanda; sumergiéndose más, hasta el gemido.
De las muchas historias que los propios personajes cuentan, la del provocador de sueños es una de las más divertidas y pícaras.
Mi compadre Pedro decía que estaba que ni mandado a hacer para amansar potrillos; pero lo cierto es que él tenía otro oficio: el de provocador. Era provocador de sueños. Eso es lo que era verdaderamente. Y a tu madre la enredó como lo hacía con muchas. Entre otras, conmigo. Una vez queme sentí enferma se presentó y me dijo: “Te vengo a pulsear para que te alivies”. Y todo aquello consistía en que se soltaba sobándola a una, primero en las yemas de los dedos, luego restregando las manos; después los brazos, y acababa mitiéndose con las piernas de una, en frío, así que aquello al cabo de un rato producía calentura. Y, mientras maniobraba, te hablaba de tu futuro. Se ponía en trance, remolineaba los ojos invocando y maldiciendo; llenándote de escupitajos como lo hacen los gitanos. A veces se quedaba en cueros porque decía que éste era nuestro deseo. Y a veces le atinaba; picaba por tantos lados que con alguno tenía que dar.
La muerte, escurridiza en su constatación, es uno de los grandes temas del libro. He aquí alguno de los pasajes estrella al respecto:
Y es que no había aire. Tuve que sorber el mismo aire que salía de mi boca, deteniéndolo con las manos antes de que fuera. Lo sentía ir y venir, cada vez menos; hasta que se hizo tan delgado que se filtró entre mis dedos para siempre. Digo para siempre.
-Entonces, ¿qué esperas para morirte? – La muerte, Susana. -Si es nada más eso, ya vendrá. No te preocupes
El silencio volvió a cerrar la noche sobre el pueblo.
En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.
Una vuelta al mundo de 7 días
24/08/2011Cuando todo está bien y, sin embargo, algo falla
Cuando todo cojea y, sin embargo, ya nada importa
Tan sólo han pasado 7 días entre estas dos notas. La percepción de mi vida, diatrametralmente opuesta. Y no, ningún cambio que justifique el baile de sensaciones.
La difícil ecuación entre dar y recibir
20/07/2011Encuentros fugaces
16/07/2011Estaba leyendo Riña de gatos en El Cairo, tranquila y con ganas de permanecer una tarde fuera del mundo, cuando una perrita abandonada me arrancó de mi aislamiento.
Durante esta tarde se ha llamado Mirinda, porque la hemos encontrado en la antigua nave de Schweppes. Hoy dormirá en la protectora de animales. No sé que será de ella después.
Estaba sucia y hambrienta, falta de caricias. La hemos lavado, colmado de leche con galletas y sobado sin descanso. Y sin embargo, ella me ha dado más
La cosa más sucia del mundo
11/07/2011Es curioso cómo cambia nuestra percepción de las cosas.
De pequeña me previnieron de la suciedad del dinero. “Ojo con lo que tocas después”. “Lávate las manos, que no sabes por dónde han pasado esas monedas antes”. Es una de esas cosas de madres que siempre me han parecido terribles. Si es imposible lavarse las manos cada vez que, a lo largo del día, se abre la cartera, ¡qué maldad crear esa sensación de ansiedad y pesadez en las manos contaminadas! Eso a mí, que me muerdo las uñas, las pieles de los dedos y me pellizco los labios.
Ahora, cada vez que voy a trabajar son muchos los dni que pasan por mis manos. Y han ganado enteros en la lista de la cosa más sucia del mundo. No puedo evitar pensar en las manos que los han tocado antes, en qué condiciones estaban esas manos, para qué se han usado esos carnés… Y sí, mi madre ha ganado la batalla, vivo con el miedo a morir por culpa de mis manos contaminadas.
P.D: Mención aparte merecen las fotos. Eso queda para otro post.








